My Experience-

Confirm
Close

5 horas lejos del Casco – Una visita a la comunidad Emberá

Publicado Junio 1, 2018 en Categories Blog Destacadas Cultural Activities

Tanto los viajeros dispuestos a exponerse a culturas diferentes, como los aventureros locales con gusto por la naturaleza, deben realizar esta visita al menos una vez en sus vidas.

Creo que hasta el más desprevenido de nuestros lectores, sabe que nos encanta vivir y trabajar en el Casco Viejo. Creemos que la “Experiencia Casco” es incomparable, como seguramente lo demuestran muchas de nuestras entradas al blog. Por eso quizás te extrañes al descubrir el tema de hoy. Vamos a dejar atrás el Casco para contarte una expedición igualmente incomparable. Hoy nos vamos de paseo por unas horas a la comunidad indígena de Emberá Quera de la mano de Ancón Expeditions, compañía panameña especializada en el turismo panameño, que es de nuestra total confianza (info@anconexpeditions.com), y organizadores y realizadores de un tour que apenas necesita 5 horas para transportarte a otro mundo y luego devolverte a la ciudad. Es una aventura que recomendamos tanto a los viajeros que vienen del exterior, como a los aventureros locales con gusto por la naturaleza y con el placer de exponerse a culturas diferentes.

Iniciamos nuestro recorrido en la marina pública de Gamboa y navegamos por el lago Gatún. Pasamos por varias islas, muchas de ellas ancestrales montañas que fueron inundadas para la construcción del Canal y que hoy son islas pletóricas de vida silvestre. Desde nuestra embarcación, vimos varias especies de monos, entre ellos el capuchino y diferentes tipos de monos araña, aves coloridas y majestuosas, y hasta un enorme y perezoso lagarto dormitando entre las aguas. Pasamos las islas Tigre cerca de las esclusas de Agua Clara del Canal de Panamá, para finalmente transitar por debajo del antiguo puente de la línea del tren. Así, entramos a la comunidad Emberá Quera, navegando el río Chagres. Durante todo el recorrido, la naturaleza te envuelve de modo impresionante, pero sin llegar a ser sofocante. Son 360 grados de naturaleza que al mismo tiempo te desconectan de tus paisajes y ritmos habituales, mientras te descubren sensaciones de una profunda calma.

La comunidad Emberá Quera es una comunidad muy joven, apenas establecida  en enero de 2007 con pobladores emberá que llegaron de Darién y está dedicada casi por completo al turismo sostenible( http://www.emberaquera.net/), pero no por ello menos auténtica.

La primera impresión fue la de entrar en contacto con sus clásicas viviendas construidas sobre pilares para protegerlas de posibles inundaciones causadas por las crecidas de los ríos. Los techos son cónicos, hechos a base de hojas de palma.

Nos recibió el Noko (en lengua Emberá significa ¨líder¨) local. Es la figura máxima en una comunidad indígena Emberá, el que vela por el bienestar social y económico en el territorio de su jurisdicción. Te cuento que en el mundo Emberá la escogencia de los nokos, es muy democrática. Pueden postularse hombres y mujeres dentro de una dinámica muy simple: en la casa comunal o tradicional, se convoca a una asamblea general local para elegir a su líder. Los candidatos se presentan al pleno y sustentan las razones por las que aspiran al cargo. Luego los candidatos se levantan en el centro de la casa cultural y los miembros del pleno votantes se ponen detrás del candidato de su preferencia. La comisión de elección hace el conteo y el que resulte con mayor cantidad de votos es el ganador.

Luego de refrescarnos, la comunidad danzó para nosotros. Ejecutaron las danzas del Colibrí, la de Tierra Alta y la de la Tortuga. Danzaban las mujeres y los hombres se colocaban atrás, tocando instrumentos autóctonos. No me malinterpretes. No pretendo proponer una visión idílica de la comunidad, pero me llamó la atención la falta de celulares (a menos que fuesen invisibles). Y también me llamaron la atención sus niños: muy amistosos e inocentes, comunicativos y poseedores de una voraz curiosidad.

El almuerzo fue muy rico y absolutamente cotidiano y local. Tilapia acompañada de patacones y presentada en una hoja de plátano, para comer a dedo limpio. Fresquísimo y sin cubiertos.

Una visita a esta comunidad no está completa sin que te realicen un tatuaje (temporal) con jagua. La pintura del cuerpo es un aspecto tradicional en los Emberá. Lo curioso es que los tatuajes los realizan de manera colectiva y uno puede proponer un diseño específico (o abandonarse, como hice yo, a la creatividad de los artistas tatuadores). Ingresamos a un espacio inmenso. Una casa comunitaria que servía para exponer y vender sus productos artesanales.  Canastas. Collares. Máscaras. Allí nos tatuaron con motivos tribales o dibujos de la flora local.

En resumen, una experiencia muy profunda y humana. Sencilla y cálida. Porque los Emberá son gentes que conforman una sociedad solidaria, con fuertes valores colectivos. Dedicados no solo a conservar sus costumbres inmutables, sino a amarlas, atesorarlas y compartirlas con los visitantes que llegan cada día a sus orillas.

El retorno, también por vía acuática, se nos hizo muy rápido. Fue como regresar de otro tiempo, de otro mundo. Una vez puse los pies sobre las calles del Casco, y mientras pensaba en el viaje recién finalizado, recordé una frase muy célebre escrita por el poeta francés Paul Eluard (1895-1952). Obviamente, Eluard jamás estuvo de visita por tierras Emberá y sin embargo escribió un concepto que ilustra a la perfección la profunda sensación de cercanía física y extrañamiento cultural que proyecta la comunidad Emberá Quera: “Hay otros mundos, pero están en este”.