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El brujo mayor del Casco Viejo

Publicado Noviembre 27, 2018 en Categories Blog Destacadas Cultural Activities

Pequeño perfil de Manuel E. Amador, habitante del Casco Viejo, gran pintor, creador del lenguaje universal conocido como Panamane y diseñador de la bandera panameña.

Hay lugares con tanta vitalidad, intensidad y magnetismo, que parecen atraer e inclusive generar a los más interesantes personajes. Ese es justamente el caso de nuestro Casco Viejo, pleno de personajes inolvidables. Desde los barberos que te atienden al aire libre y comparten contigo los cuentos más sabrosos, hasta los patriarcas de ancestrales familias que aún habitan sus casas originales y conocen a la perfección la historia del barrio.

Fotografía de una vista antigua del Casco

Pero hay un personaje tan peculiar que es algo así como el abuelo espiritual de todos los grandes personajes del Casco Viejo: excéntrico, brillante, dueño de una trayectoria riquísima y de una vitalidad asombrosa, que lo acompañó hasta sus últimos momentos. Se llamaba Manuel E. Amador, aunque le decían Manuelito. Era el hijo del primer presidente de la joven república panameña.

Muchos lo vieron en sus últimos años durante los desfiles de fiestas patrias en el Casco Viejo llevando en la mano una réplica minúscula de la bandera panameña. Nadie sospechaba que ese anciano jovial, semejante a un niño inquieto que agitaba feliz un ejemplar de la tricolor bandera nacional, era el mismo joven que la había diseñado varias décadas atrás.

 

Retrato de Manuel Encarnación del Carmen Amador Terreros

Su nombre completo era Manuel Encarnación del Carmen Amador Terreros, pero todos lo conocían como Manuel E. Amador, y aquellos con derecho a la familiaridad, podían dirigirse a él con el sencillo nombre de Manuelito. El diminutivo estaba plenamente respaldado por la mirada llena de asombro infantil que acompañó a Manuelito hasta sus últimos momentos. Nació en 1869 y en su carrera de funcionario público de la joven república trabajó en distintos cargos. Pero más allá de sus logros burocráticos y de su futura obra pictórica y de haber desarrollado un prototipo de lengua universal, a Manuel E. Amador se le reconoce mayormente por haber sido el diseñador de la bandera panameña.

 

Imagen cortesía del blo»https://simbolosdepanama.wordpress.com» Manuscrito del origen de la bandera, de una fotostática reproducida originalmente en negativo por el Dr. Ernesto J. Castillero en su obra Historia de los Símbolos de la Patria Panameña, primera edición.

 

En 1902 Philippe Jean Bunau-Varilla persuadió al Senado de los Estados Unidos para construir el Canal en el istmo de Panamá. En secreto, Bunau-Varilla ideaba una constitución, una bandera, y un tratado canalero para la nación por nacer.

Un mes antes de la independencia, Buneau-Varilla le enseñó al líder independentista y futuro primer presidente panameño, Manuel Amador Guerrero, un diseño para la bandera, que había sido creada poco antes en Estados Unidos. El rechazo a esa bandera fue unánime por parte de los líderes separatistas. Pero la independencia se aproximaba a gran velocidad y una bandera se hacía necesaria. Por eso, Manuel Amador Guerrero le encargó a su hijo, a Manuelito, dueño de gran habilidad para el dibujo, el diseño del emblema nacional. La bandera nació a toda velocidad durante la noche del 1 de noviembre de 1903. Los colores rojo y azul simbolizaban los dos partidos que habían marcado la vida del istmo: Liberal y Conservador, mientras el blanco sugería la paz entre ambos, que había hecho posible el nacimiento de la nueva nación.

 

Primera bandera alzada sobre la República de Panamá en Colón, 5 de noviembre de 1903.

 

Seis años después de la independencia murió el padre de Manuelito, el primer presidente panameño, y su desaparición significó una herencia considerable en manos del joven artista. Con su nueva riqueza voló a Nueva York, donde daría vuelo libre a las alas de su polifacético genio.

En 1909 ingresó al estudio pictórico de Robert Henri y entre 1910 y 1914 realizó buena parte de su riquísima obra plástica, mayoritariamente compuesta por vivas exploraciones del cuerpo femenino.

 

“Untitled», 1913. Manuel E. Amador. Drawing, charcoal on paper. Part of the permanent collection of MAC Panama.

 

Pero el arte no le bastaba. Su mayor preocupación fue la creación de un idioma universal, capaz de abolir las fronteras linguísticas y contribuir a forjar la paz mundial; un lenguaje que en honor a su patria debería llamarse Panamane. En esta formidable empresa linguística, para la que contrató incontables expertos mundiales, Manuel E. Amador gastó enormes cantidades de energía  y dilapidó casi todo su patrimonio.

En 1926 regresa a Panamá donde, debido a la grave disminución de su fortuna personal, se vio obligado a trabajar, una vez más, como funcionario público. Pero su obsesión primordial continuaba siendo el desarrollo del nuevo idioma. Por eso en 1928 cumplió su aspiración más profunda cuando la Secretaría de Instrucción Pública reconoció su propiedad intelectual del idioma Panamane. Ocho años después saldría publicado “Fundamentos del Panamane: una lengua universal”. Pese a la notable ambición linguística del proyecto, apenas consiguió suscitar entre la gran mayoría de la intelectualidad panameña una pálida mezcla de desinterés y escepticismo. Pero lejos de caer en el desaliento, Manuelito, se dedicó a repartir con entusiasmo entre los escolares del Casco,  hojas impresas con textos conocidos traducidos al panamane. Sin embargo, en poco tiempo, este entusiasmo se vería reemplazado por el renacimiento del fervor artístico del casi anciano Manuelito.

Entonces, montó un modesto estudio para pintar, ubicado en el Casco Viejo, muy cerca del palacio presidencial. Allí vivió sus últimos años, registrando la intensa belleza de sus modelos femeninas y recorriendo el laberinto luminoso de las calles del Casco Viejo, con todo el poder poético de su mirada siempre viva, indestructible.

 

Design of the envelope and original card, of the cover of the “Panamane” project.  In it, a stamp was affixed for sending, inside the envelope there were two pages: one written in Spanish and the other in English where Manuel Encarnación explained details of their language. On the cover, which is full of symbolism, we can see the image of Abraham Licoln, with a translation to Panamane of a sentence on the principles of freedom, equality and democracy that he declared in the constitution of November 18, 1863.In the circle under the torch, it reads: «In favor of the peace of the world. For the welfare of humanity.”  and under: ”With malice towards none, with charity for all.”