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Recordando a Anthony Bourdain

Publicado Julio 19, 2018 en Categories Es Blog Destacadas Cultural Activities

Evocamos al gran chef, viajero y escritor, y su breve paso por Panamá.

 

Hay momentos en los que resulta inevitable detenerse, hacer una pausa y honrar la memoria de aquellos que nos emocionaron profundamente, que nos iluminaron con breves relámpagos de inteligencia o humor, que nos hicieron pensar o sonreir.

Y ese es el caso de nuestro tema de hoy, en el que recordaremos al recientemente fallecido chef, escritor, viajero y personalidad televisiva: Anthony Bourdain.

Sé que es innecesario presentarlo, sin duda lo conoces muy bien. Pero una breve introducción resulta imprescindible. Tony fue parte viva de muchas cocinas neoyorquinas, y Brasserie Les Halles es sin duda por la que más se le recuerda. Luego publicó un libro emblemático: Kitchen Confidential: Adventures in the Culinary Underbelly. De allí saltó a la televisión, que es de donde se hizo más reconocible. Primero con A Cook´s Tour, siguiendo con Anthony Bourdain: No Reservations, para cerrar con Anthony Bourdain: Parts Unknown, emitido a través de CNN.

 

 
Anthony Bourdain in El Mercado del Marisco comiendo un Ceviche de Corvina. Programa “Anthony Bourdain: Sin reservas – Panamá ” emitido el 11 de Enero del 2010 producido por Travel Channel.

En sus riquísimos viajes, no solo visitaba restaurantes de alto nivel y muchas estrellas Michelin. Le gustaba igualmente recorrer tabernas, mercados, sitios “secretos y desconocidos”, como le gustaba proclamar. Muchísimas horas filmadas nos han dejado un testimonio vivo de su esfuerzo por develar lo oculto, mostrar lo poco o nunca visto, y de paso huir de lo obvio. Su carisma era una garantía capaz de abrirle puertas en cualquier confín del mundo con su radar siempre despierto a la hora de detectar las comidas extraordinarias, y su capacidad para explorar y mostrar los aspectos más interesantes y poco conocidos de las culturas que visitaba.

No sé si seguías a Tony Bourdain en Twitter, pero su perfil sólo estaba adornado por una única palabra: Entusiasta. Tenía apenas 61 años cuando acaecio su muerte. Parecía que su apetito vital no tenía límites. Era al mismo tiempo sofisticado y amante de los signos de la cultura más popular. Y esa dualidad estaba siempre viva en sus gustos culinarios y en los viajes compartidos con millones de espectadores. Creía con genuina pasión en las bondades de la comida callejera, porque era una manera de aprender sobre la gente y sus sensaciones más próximas, más inmediatas, más cotidianas.

El movimiento era uno de sus motores principales. Alguna vez dijo: “Muévete tanto como puedas. Llega lo más lejos posible. Cruza el océano o simplemente cruza el río o cruza la calle. Abre tu mente, deja atrás el sofá. Muévete”. Pero no se trataba de moverse a secas. Moverse, es decir viajar, era un ejemplo de curiosidad y de respeto por los demás, sin importar cuan diferentes parecieran ser o cuantas dificultades estuviesen experimentando.

 

 
Anthony Bourdain comprando tamales en el vecindario del El Chorrillo

Y así surge, una vez más, la palabra que tan bien lo definió: entusiasmo. Entusiasmo para ver más, conocer más, comer más, vivir más, conectarse más. Establecer puentes con personas que no se parecen a uno mismo, con culturas diferentes, y encontrar puntos en común con aquellos que creías distantes y distintos.

Seguramente te estarás preguntando si Tony alguna vez visitó Panamá para realizar uno de sus programas. Por supuesto que sí. Estuvo por aquí como queda reflejado en un episodio de Anthony Bourdain: No Reservations, que resultó a la vez entrañable, iluminador y divertido. Te recomiendo firmemente que lo veas en este enlace: https://www.dailymotion.com/video/x4rcw6y

Pero no me voy a ir sin antes mencionarte algunos momentos estelares de la visita de Tony a Panamá. No te preocupes, no revelaré grandes detalles, ni te arruinaré la experiencia. Pero debo decirte que el recorrido incluye una visita a un punto secreto en el que las autoridades panameñas destruyen con fuego 6 toneladas de coca incautada a traficantes. También ingresamos a El Chorrillo, donde Bourdain compra un tamal a un vendedor callejero, como antesala a una clásica comilona de pescaó frito con patacones. Y, claro, están los omnipresentes ceviches. Bourdain los devora en el Mercado del Marisco y en lujosos restaurantes, y de paso recuerda que Panamá pudo significar originalmente “abundancia de peces”, pero en el presente, su nombre debería traducirse como “abundancia de ceviches”. Bourdain no dejó de visitar el Casco. Almorzó en el clásico Kwang Chao en Av. B (le dedicamos una entrada anterior del blog a ese tradicional restaurante de comida china. Puedes leerla entrando aquí: https://www.lasclementinas.com/es/es-blog/el-tiempo-detenido-en-el-casco-viejo/

 

 
Anthony Bourdain almorzando en una fonda de El Chorrillo

También hay un viaje a Isla Grande y una inesperada visita a la antigua casa del dictador Manuel Antonio Noriega, hoy ruinosa, fantasmal y abandonada.

El viaje de Bourdain a Panamá cierra con un modesto festín en una comunidad emberá, cercana al río Sambú. Y mientras come puerco con yuca y los niños corretean y los músicos marcan ritmos ancestrales con sus tambores, su voz inconfundible se dirige una vez más hacia nosotros: “La luz se desvanece, pero la fiesta sigue. Este es uno de esos momentos en los que estoy feliz de estar donde estoy y ver lo que estoy viendo, rodeado de la generosidad de extraños en un lugar muy, muy lejos de mi hogar”.