My Experience-

Confirm
Close

CONOCE LA HISTORIA DE

main_logo-white

El edificio original del hotel Las Clementinas fue construido en los años treinta como un inmueble de seis apartamentos de alquiler. Ubicado en la Avenida B, la discreta elegancia de sus balcones alberga un segmento de la muralla defensiva de la ciudad colonial (1673), un jardín secreto y la historia de dos formidables mujeres.

 

El influjo de riquezas que se venía gestando en la ciudad desde finales del siglo XIX, con la bonanza económica que trajo la construcción del Ferrocarril de Panamá, la Fiebre del Oro y el prospecto de la construcción de un canal, llenó la ciudad de visitantes que buscaban prosperidad y fortuna.

 

La ciudad bullía y una mujer llamada Clementina Herrera vio su oportunidad. Estableció su propia casa de empeños en una de las calles más transitadas de Panamá. Sin embargo, ésta no fue la única razón por la que todo el mundo hablaba de esta emprendedora.

Clementina era inusual para sus tiempos: un espíritu libre que ganó rápida notoriedad por ser la primera mujer panameña en vestir pantalones. Sola y sin ayuda trabajó hasta lograr una considerable fortuna y su completa independencia. Su prosperidad atrajo competencia y, pronto, el edificio contiguo al suyo fue adquirido por el Sr. Jaén, quien también estableció una casa de empeño más estilizada y de alto perfil.

 

Clementina y su competencia se llevaron muy bien: tanto que tuvieron una hija a la que también llamaron Clementina. Y, fiel a sus maneras, la pareja jamás se casó. La infancia de la pequeña Clementina Jaén Herrera transcurrió entre las dos casas y, al alcanzar la mayoría de edad, fue enviada a Francia para recibir una educación formal.

La sofisticada mujer que regresó fue muy distinta; Panamá jamás había visto algo parecido. Heredó las propiedades de sus padres y se instaló en la casa de mamá Clementina. A todas vistas era una excéntrica que fumaba y bebía sin mayor medida, y era la feliz dueña de un Cadillac que alguna vez perteneció a la caravana del Presidente Eisenhower y era perfecto para pasear su explosiva independencia. Además, tenía una particular predilección por artículos lujosos y se rodeó de bellos tesoros que encargó de todas partes del mundo: mosaicos pintados a mano, piezas de arte, muebles, cristales y lámparas.

 

Al igual que su madre, Clementina Jaén tampoco se casó. Nunca tuvo hijos. Optó por abrir su casa a intelectuales y artistas, así como mujeres que buscaban un lugar seguro y placentero en el cual disfrutar algo de libertad. Se convirtió en la Tía Terrible del barrio y, hasta hoy, muchas mujeres recuerdan haber probado su primer trago o cigarrillo en la privacidad del hogar de Clementina.

© 2017 Las Clementinas