Tuvo una vida de prolongadas rumbas. Fue músico de salón y de patio; de noches venerables y pachangas sin fin. Su trompeta agitaba todas las celebraciones. Y en muchas ocasiones, en medio del fragor fiestero, a Fidencio se le perdía el instrumento. Aunque invariablemente la trompeta reaparecía en manos de un solidario admirador de su obra creativa, quien se la llevaba a casa de Clementina.